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Los valores trasmitidos por la cultura digital influyen en la mala reputación online que se labran los adolescentes
Según la columnista del Washington Post Petula Dvorak, los adultos tenemos buena parte de responsabilidad en haber potenciado la fama a cualquier precio como valor supremo de los adolescentes actuales. Una de las consecuencias de esto, en su opinión, sería el aumento de los casos de sexting.
Uno de los ejemplos más recientes citados por Dvorak es la detención por la policía de tres chicos (dos de 16 y uno de 15) en un instituto de West Springfield (EE. UU.) el pasado mes de enero por haber intentado convertirse en los reyes del porno de los suburbios. Los adolescentes realizaron al menos seis vídeos con chicas de su propio instituto y de otros dos cercanos —al parecer tras haber consumido bebidas alcohólicas— lo cual les ha supuesto acusaciones de posesión y distribución de pornografía infantil.
El sexo y el alcohol siempre han preocupado a los padres de adolescentes, pero ahora se ha llegado completamente a un nuevo nivel de degradación y crisis de valores con la grabación y envío de este material que permiten los smartphones, según la columnista, quien lo vincula con el hecho de esta generación está acostumbrada a ser grabada y filmada desde que han nacido, en un auténtico Show de Truman.
Según un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de California en Los Ángeles, el valor número uno para los adolescentes de hoy en día es la fama. Otro estudo de la UCLA señalaba ya en 2007 que los principales valores trasmitidos por los programas de TV más vistos por los chicos eran: fama, éxito, popularidad, imagen y éxito económico. Diez años atrás eran el sentimiento de comunidad, el ser buenos, la imagen, la tradición y la autoaceptación. En tan sólo una década el ser buenos cayó al 12º puesto de la lista de valores principales, y el sentimiento de comunidad al 11º.
Así que ahora es la fama lo que la mayoría busca y sin importarles cómo conseguirla.
Esta es la causa, según Dvorak, de que se extiendan sucesos como el de West Springfield, en los que muchos miembros de la Generación Mírame que ha crecido con Facebook y Twitter, intentan ser famosos produciendo y trasmitiendo autopornografía. La TV les ha mostrado que gente sin talento, ni ningún mérito o capacidad personal puede hacerse famoso: sólo requiere exponerse, cuanto más mejor. Por si fuera poco Internet les muestra una disponibilidad inmensa de pornografía. Según Dvorak lo raro es que con esta combinación no haya incluso más chicos haciendo vídeos de sexting: o quizás sí los hay y lo que pasa es que no lo sabemos, apunta con temor.
El caso de los pornógrafos junior de West Springfield ha sido ampliamente comentado en algunos foros de la Red. Otros adolescentes señalan este caso como «épico» y comentan que los chicos detenidos se convertirán en «legendarios» durante años en esa ciudad. Otro comentaba con perspicacia: «Twitter es necesario si quieres encajar y así tener al menos la sensación de ser alguien importante, famoso incluso aunque sólo sea dentro de un círculo de perdedores. Si no eres importante no estás vivo. Todo el mundo negocia su atención hacia otros para conseguir alguna para sí. Es un enorme circuito de intercambio que sirve para no hundirte en la oscuridad. La vida normal no es una vida en absoluto en el sistema de valores actual. Lo que estamos viendo hoy día nos parecerá ñoño dentro de 10 años.»
Pero Petula Dvorak advierte de que hay algo que no cambia con el tiempo: estos chicos podrán convertirse en microfamosos durante un tiempo. Pero para las chicas que participaron en el sexting la infamia será lo que les espere.
Fuente: Washington Post vía Winnipeg Free Press.
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Cuida tu imagen online
Los ciberacosadores suplantan y denigran sistemáticamente la identidad digital de sus víctimas
(Reproducimos resumido y adaptado un magnífico artículo de Ángeles López para La Razón, que narra con detalle un grave caso de ciberacoso contra una mujer.)
Más de dos años, cerca de novecientos días con sus correspondientes noches, lleva siendo objeto de ciberacoso. Un psicoterror lento, calculado y perfectamente dosificado por un depredador online dispuesto a convertir su PC, móvil o tablet en un campo de concentración. Al despertar cada mañana no sabe por dónde le puede caer la guadaña psíquica: podría ser un email intimidatorio, ver su foto –junto a su nombre, teléfono y dirección– asociados a páginas de prostitución, comprobar que su identidad ha sido suplantada en la Red o recibir decenas de llamadas y otros tantos SMS. Ha visto reducidas sus ofertas laborales «la gente recela de trabajar con alguien que puede ser problemática». «Al final el ‘‘calumnia, calumnia’’ de Molière, funciona», expresa conmocionada.
No en vano, J., el acosador, intenta cercar su vida emocional, social y laboral, falseando su identidad en Facebook, Twitter o Youtube para añadir a sus amigos, para saber de sus movimientos, e incluso se ha personado en su entorno laboral para difamarla ante sus compañeros tildándola de prostituta especializada en sexo oral… «Las amenazas y peticiones de perdón se suceden alternativamente en los distintos medios tecnológicos que poseo», refiere ella, la acosada, artista multidisciplinar, fotógrafa, bloguera y DJ de 28 años. Hasta que hace unas semanas el acoso dejó de ser virtual: en la acera y fachadas de su vivienda, se puede leer junto a un corazón graffiteado: «P. te amo».
«Tengo un pensamiento, como un ‘‘leiv motiv’’ recurrente: terminar con mi vida. No puedo más. Estoy sitiada, sin ofertas laborales porque se ha ocupado de dinamitármelas, sin ganas de salir de casa y en tratamiento psiquiátrico por estrés y ansiedad. Por no hablar de la abulia y el insomnio que padezco». El macabro ataque se ha redoblado cuando su acosador ha recibido una citación del juzgado para el mes próximo. Además, una de las tres denuncias se ha convertido en causa penal, a instancias del Ministerio Fiscal.
«Antes que ciberacosador, cualquier individuo que acomete tales prácticas es, simple y llanamente, acosador. Da igual si los motivos son ridiculizar a un estudiante (ciberbullying) o presionar a un adulto para mantener una relación: la focalización y obsesión, son idénticas, sólo que Internet se presenta como un caldo de cultivo más impune, aunque sólo teóricamente», aclara Iñaki Piñuel, profesor de la Universidad de Alcalá, psicólogo clínico y experto en acoso. No en vano, explica, el acosador persigue aterrorizar a la víctima y no pocos están persuadidos de que tienen una causa justa para asediarla pues merece ser castigada. Cada macabro canal de destrucción psicológica tiene su intrahistoria. El inicio de este tipo de «grandes enemistades» es tan antiguo y patológico como desoír un no por respuesta.
Chica guapa de 28 conoce a un tipo que le supera en casi una década. Se toman una copa con amigos y él se lleva una negativa de ella para iniciar cualquier tipo de relación sentimental. Aunque en un primer momento se intercambiaron los teléfonos y se añadieron mutuamente a Facebook, tras un primer desencuentro, P. y sus amigos le expulsan de todos sus muros de las redes sociales. Pero su comportamiento fue de manual: falsas acusaciones para dañar su reputación, publicación de información falsa en sites –crea sus propios webs, páginas de redes sociales, blogs o fotologs para su propósito–, recopilación de información a través de amigos o compañeros de trabajo para conocer los movimientos de «su presa».
Sólo así saben el resultado de sus difamaciones; a menudo monitorizan las actividades de la víctima e intentan rastrear su dirección de IP en un intento de obtener más información sobre ésta o de que gente extraña se pueda adherir a su agresión. «El problema del acosador es que el obstáculo que les pone su víctima de no querer saber de ellos, aumenta su deseo. Cuánto más se quiere retirar ella, más se obsesiona él», resume el experto Iñaki Piñuel. «Incluso incurren en la falsa victimización y el acosador puede alegar que su presa le está acosando a él», matiza Sara Solano, directora del Gabinete Psicológico Ecubo. P. asiente al escucharlo: «Cuando se entera de que le he denunciado la primera vez, duplica sus esfuerzos: se hace pasar por mí en las redes (sociales), se pone en contacto con los diseñadores que me contrataban o con fotógrafos con los que he trabajado para decirles que soy adicta a las drogas, anoréxica o seropositiva, también que practico la zoofilia, que mantengo relaciones sexuales con mis propios padres… O me llama bajo falsas identidades para ofrecerme trabajos, hasta que me doy cuenta de que es él».
La omnipresencia y difusión instantánea de la Red provoca que el ciberacoso pueda llegar a ser tanto o más traumático que el físico: «Al levantarme, escribo mi nombre para ver qué se le ha ocurrido decir de mí: rastreo todos mis perfiles falsos para borrar todos los comentarios, sé que recibiré incesantemente llamadas o SMS, de amigos o de profesionales de mi medio, que terminan pensando que me he vuelto loca escribiéndoles salvajadas inimaginables, que por supuesto no he escrito. Provoca una vulnerabilidad total. Porque, a día de hoy, ni siquiera tengo una orden de alejamiento», explica P. Al ser una agresión no presencial, el ciberacosador no tiene contacto con la víctima, «no ve sus ojos, su dolor, con lo cual difícilmente podrá llegar a sentir empatía o tener compasión. Obtiene satisfacción en la elaboración del acto violento y al imaginar el daño ocasionado en el otro, ya que no puede vivirlo in situ», aclara la terapeuta Sara Solano. «El acosado –añade Piñuel– puede tener secuelas de por vida si no es tratado a tiempo».
Maltratar es sencillo
Para según qué tipo de acoso, no hay por qué tener ninguna pericia técnica. «Hoy día cualquiera sabe crear una cuenta de correo. Basta con que sepa tu número de teléfono para que pueda poner un anuncio en una red de contactos y saturarte el teléfono ofreciendo sexo gratis en tu nombre. A menudo tiene que ver más con una cuestión de ingenio. Otra cosa muy distinta sería querer robar datos de tu ordenador o móvil para luego publicar información privada o fotografías tuyas en cualquier página web. En ese caso sí que se necesita algo más. Por lo general un ciberacosador no tiene por qué tener ningún conocimiento técnico avanzado», explica Juan Carlos Jiménez, Ingeniero Informático y Experto en Tecnologías de la Información.
«El final de mi mundo conocido». Así denomina la propia P. el momento en que le interpone una segunda denuncia –en febrero de este año– por coacción, amenazas, suplantación de identidad y daños morales. Tras rellenar un extenso formulario en comisaría, pidió abogado de oficio, ayuda psicológica y una orden de alejamiento. Nunca tuvo noticia de ninguna de las tres cosas. Pasados los meses, y al ver que no se la llamaba para juicio, intenta informarse «y me dicen que si no voy con un abogado y un procurador no pueden informarme sobre el proceso».
Y añade: «Contraté ambas figuras legales y nos enteramos de que en lugar de como “parte” acudiré al juicio el mes próximo, sólo como víctima y testigo».
Es decir, no está personada en la causa «porque no es parte, por lo que tampoco puede tener acceso a las copias del escrito de acusación ni saber el dossier de investigación que ha recabado la Policía», resume su abogado, quien prefiere mantenerse en el anonimato, por preservar la identidad de su defendida. «Pero el Ministerio Fiscal se está portando de maravilla porque ha pasado de ser considerada una posible falta a un posible delito».
Desde el momento en que J. –operario en paro que vive con sus padres– ha recibido la citación judicial se ha ocupado de redoblar esfuerzos «torturadores» por todos los medios tecnológicos conocidos. «¿Acaso quiere su momento de gloria?… ¿Te torturo porque eres mía?», resume P.
Psicópatas que buscan el suicidio de su víctima
Rasgos propios de un trastorno narcisista de la personalidad y de un psicópata, según la suma de diversos autores. Hablamos de «un depredador moral» que plantea su relación con los demás como un juego mortal. Una partida de ajedrez en la que él mueve todas las piezas pero teniendo maniatado a su adversario.
«Acostumbran a acosar en serie, pero no en paralelo, lo que quiere decir que, por sus biografías, producirán esta conducta de forma permanente.. Primero una, luego otra, y otra –explica Iñaki Piñuel–, mientras, la víctima se siente indefensa o, en algunos casos, culpable, pero siempre sufre un aislamiento psíquico. No tienen por qué ser personas débiles psicológicamente, muy al contrario, puede ser que se enfrenten directamente a su acosador. Pero ellos siempre intentarán manipular el entorno para ponerlo de su parte».
Mientras el entorno tiende a trivializar la situación –«olvídalo», «no hagas caso»–, el individuo ejerce en un permanente gutta cavat lapidem su violencia sin huella. El fin no es destruir a su presa de forma rápida, sino someterla lentamente hasta dejarla paralizada y disfrutar del interín. Es como un crimen perfecto, porque la mayor parte de los casos no es el agresor quien mata, sino el agredido quien se quita la vida.
El suicidio es el mayor triunfo del acosador moral, lo sepa o no. «Pero conmigo no va a poder –sentencia P. con seguridad– ni me hará caer en la tentación de cometer un paso en falso como intentar comunicarme con él o infringirle yo algún tipo de daño o insulto».
La obsesión de J. y el imperativo de notoriedad frente a ella –y el mundo– obedecen a una patología social nueva. Pero, como resume la víctima a modo de despedida: «Colorín, colorado, confío en que cuando le impongan una orden de alejamiento y le caiga la condena que merece, diré que este cuento se ha acabado. Para poder por fin descansar de una vez».
El ciberacoso no está tipificado (como tal) en el Código penal
El uso de las tecnologías con el propósito de dañar a alguien de manera reiterada y deliberada tiene sus consecuencias legales. «El ciberacoso es un fenómeno moderno y, como tal, no está tipificado en el Código Penal. Aun así, la mayor parte de los delitos cometidos a través de las tecnologías de la información sí lo están. Por ejemplo, el artículo 143 del Código Penal castiga con pena de prisión de cuatro a ocho años al que induzca al suicidio de otro. No importa el mecanismo utilizado, o si se induce a éste en persona, verbalmente, por chat, por SMS. La agresión física representa sólo una pequeña parte del total de estas conductas. La justicia es siempre lenta y la creación de leyes y reglamentos aún más. No hay un tremendo vacío pero las cosas están muy lejos de ser perfectas», explica Juan Carlos Jiménez. «Lo que es casi seguro –explica Luis García Pascual, inspector jefe de brigada de investigación tecnológica– es que el ciberacosador puede pasar de la potencia al acto, es decir, de la agresión virtual, a la real».
«Sus muertes fueron como si fueran mías»
«Cuando se suicidó la chica de 15 años Amanda Todd, como esta semana al conocer la del joven holandés, lloré sus muertes como si llorara la mía propia», explica P. También se han producido otros recientes suicidios por ciberbullying y sextorsiones en los EE.UU. y Francia.
Fuente: La Razón. Adaptado por PantallasAmigas.
Campaña belga demuestra que revelar nuestra vida privada en Internet nos expone a múltiples riesgos
En el vídeo bajo estas líneas podemos comprobar lo fácil que es que nos lean la mente para saber nuestra vida sin necesitar más que un acceso a Internet para investigar todo lo que publicamos (y publican de nosotros los demás). El montaje forma parte de una campaña belga sobre la seguridad en la banca online. En la instalación en una plaza de Bruselas hasta el más pequeño detalle estaba cuidado: un supuesto mentalista con pinta de gurú, un ambiente de colores blancos que inspiraba pureza e inocencia… Y toda una serie de detalles para relajar a las personas que habían aceptado la invitación a leerles la mente con la excusa de que era una prueba para un futuro programa de televisión.
En el vídeo puede apreciarse cómo los protagonistas se sorprenden cuando el mentalista adivina cosas personales sobre ellos, que suponen nadie más que ellos sabe (?!) incluyendo algunas tan supuestamente íntimas como los tatuajes que tienen en su cuerpo o qué precio han puesto a la casa que están vendiendo.
La realidad tras mentalistas, médiums y adivinos no es muy distinta, advierten desde Microsiervos: investigan por adelantado las vidas de la gente que les contrata o con cuyos familiares van a contactar. Desde hace unos años suelen utilizar Internet como tradicionalmente hacían con documentalistas que revisaban diversos tipos de archivos; tampoco es extraño que empleen detectives. Los entrevistados no se dan cuenta del rastro que han podido dejar en una entrevista previa, en la tarjeta de visita o en la identificación que les piden a la entrada, donde suele estar su nombre y cada vez más, el correo electrónico. A través de estos datos y de los buscadores es fácil obtener un perfil completo de una persona. Si pones una moto o una casa en venta públicamente… ¿por qué te asombras de que alguien sepa el precio que le has puesto públicamente? O si publicas fotos tuyas en la playa o incluso de sexting, ¿cómo no va a saber cualquiera que tienes dos mariposas tatuadas donde acaba la espalda?
Y no sólo presuntos estafadores son los que pueden hacer uso de esta información, sino también ladrones profesionales de cuentas online de banca (como pretende denunciar esta campaña belga), suplantadores, acosadores sexuales, groomers (en el caso de menores de edad), ciberbullies, secuestradores, sextorsionadores… Lo que publicamos en Internet (en las redes sociales, en videochats, en foros o blogs…) nos pone en numerosos riesgos y por tanto es vital aprender a cuidar nuestra imagen online.
Como bien dice el lema de la campaña: Tu vida entera está en la Red. Y puede ser usada contra ti.
Fuente: Microsiervos y PantallasAmigas.
Vídeos de PantallasAmigas sobre la privacidad en las redes sociales
‘El sexting puede destrozar tu reputación’
El reciente escándalo de un jugador de fútbol americano, Brett Favre, casado y con 2 hijas que habría enviado fotos eróticas de sí mismo a un ligue, ha provocado el debate en trono a la práctica del sexting entre los estudiantes de la Universidad de Nueva Jersey (acronym title=”Estados Unidos de América”>EEUU).
“El sexting puede arruinarte la vida si te pillan”, advierte Carla G., una estudiane de Educación Especial de 30 años. “Destroza las reputaciones”.
Entre los estudiantes de la institución hay división de opiniones: algunos se oponen a la práctica del sexting mientras que otros creen que es simplemente parte de la cultura digital de hoy día.
Aunque los expertos reconocen que el sexting se usa en ocasiones para atizar la pasión en una relación, hay consenso en cuanto a que es inapropiade para los usuarios más jóvenes de Internet y de los teléfonos móviles. A pesar de ello, las encuestas demuestran que hay un seguimiento masivo de esta práctica. “Ya lo creo: tengo una foto de esas ahora mismo en mi móvil”, reconoce Jamie P., estudiante de Psicología de 24 años. En un 70% son fotos que se envían a los novios o novias, según una encuesta.
Fuente: GothicTimesNetwork

La ley protege nuestra identidad (visual) digital en las redes sociales, pero…
Leíamos recientemente en el blog de J.M. Suárez acerca de ciertos libros que se están editando a partir de fotos de adolescentes publicadas en Internet. Aunque, como dice Suárez, la mayoría «considere —acertadamente, añadimos nosotros— que la ley protege dichas imágenes y que no se pueden usar sin permiso», algunas personas se están aprovechando de lo fácil que es capturarlas, manipularlas (o no) y crear con ellas obras con las que cuales obtener promoción o incluso beneficio económico.
Desde PantallasAmigas ya hemos advertido anteriormente de que parte de las fotos de tipo erótico o sexual que adultos y menores envían a la Red, acaban formando parte de webs pornográficos, incluso de pornografía infantil.
Aunque los fotógrafos citados en el artículo de J.M. Suárez reconocen abiertamente haber usado dichas fotos sin permiso, alegando que eran anónimas y aparándose en un presunto vacío o permisividad legal («nuestra legislación es permisiva con el uso de imágenes que se encuentran libremente disponibles en la red y por ello se han podido utilizar en este proyecto»), lo cierto es que la ley es muy clara al respecto y ninguna imagen se puede usar sin permiso de la persona fotografiada y del autor de la fotografía. Cuando la persona fotografiada es menor de edad, la protección es aún mayor. Basta recordar cómo se aplicó no hace mucho y con rigor el derecho a la propia imagen de las hijas del presidente Rodríguez Zapatero. «La curiosidad que levantaron las hijas de Zapatero tras su polémica foto en la Casa Blanca llevó a asaltar sus cuentas de Tuenti, que estaban camufladas bajo otros apellidos. En unas pocas horas las imágenes de las niñas con sus amigos y los comentarios personales de Laura y Alba plagaron blogs y páginas en internet. Hoy ya no queda rastro de aquello. Se borró.», informaba Ester Requena en El Comercio Digital.
Aunque las redes sociales online sean un entorno relativamente nuevo, en la utilización de imágenes y comentarios sacados de estas plataformas la ley es contundente: «Nadie puede utilizar datos personales de un tercero sin su consentimiento», advierten desde la Agencia de Protección de Datos. Y la imagen es un dato personal. Excusas como que el perfil es público no sirven. «Que tu muro lo pueda curiosear cualquiera no significa que la gente pueda hacer uso de tus fotos o noticias. Es lo mismo que si un día te dejas la puerta de tu casa abierta, eso no es óbice para que la gente se lleve lo que quiera», explica Javier Cremades, especialista en Derecho de las Nuevas Tecnologías.
Cualquier menor (o sus padres) que vea una foto suya difundida sin permiso en lugares donde no la ha publicado voluntariamente el propio menor, podría denunciar al responsable por una intromisión ilegítima en el derecho a la imagen. La Agencia Española de Protección de Datos tramitó una treintena de denuncias por motivos similares en 2009, sin contar las que se presentan directamente ante los cuerpos y fuerzas de seguridad estatales. Por otro lado, al haber sido no sólo el protagonista de la foto sino también su autor o autora, podría reclamarse también por infracción de la propiedad intectual sobre la foto.
Aparte del debate acerca de la legalidad o no de estas obras, es necesario recordar que es un riesgo para la privacidad que surge en el preciso momento en que se generan dichas imágenes. Precisamente en 2010 el Día Internacional de la Internet Segura ha estado dedicado a la gestión de fotos en la WWW bajo el slogan ‘Piénsalo antes’. Todo menor -y sus padres- debe tener en cuenta que producir, (re)enviar y publicar fotos de sexting significa perder totalmente y para siempre el control sobre dónde y cuándo aparecerán esas imágenes. Podrán ser usadas en un libro artístico, vendidas en un web porno o usadas para realizar ciberbullying o incluso grooming sobre el/la menor autorretratado/a.
PantallasAmigas ha creado diversos materiales online para educar y concienciar sobre la necesidad de cuidar los datos personales en la Red, entre ellos RedaYNeto, con dibujos animados para los internautas más pequeños. En Privacidad-online.net también se recopilan consejos y datos de utilidad para pequeños y grandes.
En la Guía e-Legales, escrita por Jorge Flores
y Ofelia Tejerina, se advierte muy claramente:
Los datos de carácter personal están protegidos por la Constitución, de forma que no se permite que sean utilizados si no es con el consentimiento informado de su titular y para unos fines concretos. (…) La sanción es de prisión de uno a cuatro años y multa económica de doce a veinticuatro meses. Difundir, revelar o ceder a terceros esos datos (por ejemplo, publicándolos en Internet) acarrearía una pena de prisión de dos a cinco años.
La imagen es, si cabe, el dato personal más completo. (…) Cuando se trata de menores, la Ley es más severa (impone fuertes sanciones
económicas e indemnizaciones por los perjuicios causados) y añade especial protección prohibiendo “la difusión de información o la utilización de imágenes o nombre en los medios de comunicación” cuando ello “pueda implicar menoscabo de su honra o reputación, o que sea contraria a sus intereses”, y esto “incluso si consta el consentimiento del menor o de sus representantes legales”. En este
sentido, podemos deducir que la difusión de imágenes de un menor en Internet puede significar una grave infracción legal.
Fuentes: JMSuarez.es, El Comercio Digital, Ofelia Tejerina, Carlos Sánchez Almeida y elaboración propia.
6 maneras de perder el empleo en Facebook y Twitter
Los despidos por comportamientos inadecuados en las redes sociales aumentan día a día, debido a que las empresas están cada vez más pendientes de lo que sus empleados o candidatos publican en ellas, por cuestión de imagen y reputación pero también de seguridad.
Un estudio reciente de la empresa de seguridad digital Proofpoint reveló que el 7% de las empresas habían despedido a algún trabajador por causa de su actividad en redes sociales de Internet. Un 20% afirmaron que habían amonestado a sus empleados por esta misma razón. En Facebook se puede encontrar un grupo denominado “Fired because of Facebook” (despedidos por culpa de Facebook) creado por Travis Megale, un profesor de instituto. Su creador pretende que sirva para concienciar y prevenir a la gente del alto coste que pueden tener errores cometidos inconscientemente: “He visto a compañeros de trabajo publicar comentarios o fotos que si fuesen vistos por las personas equivocadas, podrían ocasionarles el despido”, asegura.
El grupo invita a los que ya han sido despedidos por este tipo de problemas, a que cuenten sus historias. Alguna de ellas explica que su empresa la despidió porque “lo que hace Vd. en su vida personal se traslada negativamente a nosotros como empresa”.
Estas son 6 meteduras de pata que podrían costarle el empleo a una usuaria o usuario de una red social (según Joan Goodchild):
- Publicar comentarios negativos sobre la empresa, sobre el trabajo que realiza en ella o sobre los clientes. Aunque podría parecer algo obvio, hay mucha gente que no reprime los deseos de comentar con amigos su malestar laboral, y si la privacidad de su perfil no está correctamente configurada (o si a Facebook le da por cambiarlas, como ha sucedido en el pasado), o si no nos damos cuenta de que tenemos al jefe como amigo en Facebook o como seguidor en Twitter… el mensaje puede quedar a la vista de alguien inesperado. Así pues, mejor nunca publicar ese tipo de comentarios.
- Defender a la empresa en una discusión online. Aunque pueda hacerse con la mejor de las intenciones, esto también puede tener consecuencias desastrosas. Si no somos profesionales de las relaciones públicas, lo que digamos puede acabar siendo perjudicial para la empresa. Así, empresas como Cisco Systems lo advierten a sus empleados: no hablen nunca de la empresa en redes sociales sin permiso.
- Comentar asuntos privados o confidenciales de la empresa en medios públicos. Aunque pensemos estar hablando en un círculo privado, cualquier información puede acabar extendiéndose como si se publicase en la prensa.
- Fingir ser otra persona. Cisco también incluye una advertencia a este respecto: está prohibido aparentar ser otra persona para participar en debates online sobre la empresa y siempre deberían dejar clara su relación con la misma.
- Dar demasiada información sobre la vida privada. El ejemplo típico podría ser un candidato a un puesto de trabajo cuyo perfil o comentarios incluyen referencias a la marihuana.
- Publicar fotos (u otro tipo de contenidos) de dudoso gusto o potencialmente ofensivos. Si alguien puede encontrar ofensiva una foto, mejor no publicarla nunca en una red social online. Lo mismo se podría decir sobre otro tipo de contenidos, como posts o comentarios.
Fuente: IDG now
1 de cada 4 usuarios mientre sobre su identidad en Internet
Según un informe de la empresa de seguridad Norton el 25% de los usuarios utiliza nombres falsos a la hora de inscribirse en redes sociales o cuando rellena formularios en Internet. El 9% miente sobre su estado civil y el 7% sobre su apariencia física.
En el estudio, que ha analizado los impactos psicológicos y de conducta que tiene en los usuarios la vida online, también se destaca que más del 20% de los internautas se arrepiente de algo que ha hecho en Internet.
Otros descubrimientos del mismo son que 1 de cada 3 internautas ha mandado correos electrónicos (o publicado en redes sociales) con fotos sin permiso de las personas que aparecen en las imágenes. Además, el 25% de los internautas reconoce que ha espiado perfiles de otros usuarios para cotillear sus imágenes.
Fuente: TreceBits









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